La Pampa como mar

«Pero la manera más enfática de negar el río no consiste en, como se dice, darle la espalda. Hay otra más cabal: ganarle tierra. Ganarle tierra al río ha sido y sigue siendo el recurso más consistente para tratar de abolirlo y hacer de Buenos Aires una ciudad mediterránea en apariencia. Tierra en vez de agua. Las barrancas perduran (en Belgrano, en el Parque Lezama), pero bajan del suelo al suelo, ya no son orillas de nada. El río retrocede y va quedando cada vez más lejos. Y se va volviendo cada vez más fácil suponer su inexistencia.

¿Por qué avanzar, empero, con tierra hacia este lado, como si a la ciudad le faltara espacio, teniendo, hacia el lado opuesto, la sabida inmensa pampa, el vasto desierto, la llanura inconmensurable, un infinito espacio sobrante? ¿Echar tierra y más tierra sobre el río aplanado y quieto no es acaso, en cierto modo, un intento de convertirlo en pampa? Cada vez más tierra plana, menos agua cada vez. Adolfo Prieto ya ha escrito sobre la fructífera utilidad de las metáforas marítimas de los viajeros ingleses para aquellos escritores nuestros que, en el siglo XIX, viajeros a su vez, pero por sobre todas las cosas lectores, se ocuparon de describir la pampa. La pampa como mar: la tierra como agua. ¿Ganarle tierra al río no sería la operación inversa, inversa y complementaria? ¿No sería invertir la metáfora y traspasarla a la literalidad? El río como pampa. El río vuelto pampa.

Pisar el río, cabalgarlo, cruzarlo a pie; atravesarlo sin navegación ni nado. Ese imposible se hizo posible, y no ya en la metafórica, ni en el hábito de echarle tierra, ni en un milagro como el de Moisés (aguas abiertas) o un milagro como el de Jesucristo (aguas firmes). Hubo una vez una pronunciadísima bajante histórica, producto de un viento fuertísimo; las aguas se retiraron, dejando a la vista el lecho. Barro blando, gomoso, flexible, inestable; pero suelo y no río. Esa bajante tan extrema habilitó la posibilidad de subirse a un caballo para cruzar en él a la Banda Oriental.

El cuento que Rodolfo Walsh estaba escribiendo, cuando se lo llevaron, era sobre eso. Luego los criminales irrumpieron en su casa, para saquearla y robarse sus cosas. Se llevaron también sus papeles. Del cuento no se supo más».

Martín Kohan, «Confesión».

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Vivaldi